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Pregón Semana Santa Adra 2008

PREGON

Sr. Párroco. Sr. Hermano Mayor de la Cofradía del Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores. Hermanos mayores de las distintas Cofradías, autoridades militares y civiles, que hoy nos acompañáis. Señoras y Señores.

Buenas Noches a todos, y gracias por su presencia.

Agradecer en primer lugar a la Cofradía, a través de su Hermano Mayor, Pepe, que de mí se haya acordado para ser el pregonero de la Semana Santa de este año. Es un orgullo, como hijo de este pueblo que se acuerden de ti cuando por circunstancias varias, en este caso laborales, ya no compartes el día a día de tus vecinos.

Agradecer, a Gemma, las palabras que me ha dedicado, sabía que podía contar con ella, y desde que la llamé para hacer la presentación todo han sido ideas y apoyo. Como ya le he dicho en algunos momentos durante los años en los que nos conocemos, para mí ha sido maestra, compañera y sigue y seguirá siendo amiga.

Cuando hace algo más de un mes me llamó Pepe para hacerme el ofrecimiento del pregón de la Cofradía para este año, dos fueron los sentimientos que me invadieron: uno, el de responsabilidad, el de querer no defraudar a quien de mí se había acordado para este menester, así como el de efectuar un pregón sencillo, ameno y con el que poder transmitir mi vivencia personal y la de los míos con respecto a la Semana Santa de Adra; y por otro lado, el sentimiento de agradecimiento; la gratitud que entiendo, debe dirigir nuestros actos, durante las vivencias diarias y con respecto a las personas con las que nos relacionamos. Gratitud hacía mis padres, gracias a ellos, mis hermanos y yo somos como somos, buenas personas, en el más amplio sentido.

Gratitud hacía mi mujer, junto a ella he emprendido la tarea más gratificante de todas, la de ser padre de un niño y una niña que son el sentir de mi vida y que plenamente colman mi existencia.

La primera noción que de la Semana Santa de, éste, mi pueblo conservo en la memoria, es la de la salida junto a mis padres y hermanos a ver la procesión, para ver los romanos a caballo que la encabezaban. En esa época sólo la procesión del Jueves Santo se celebraba con la parafernalia propia de los desfiles procesionales; eso, gracias al buen hacer de la gente con la que ha contado esta Cofradía ha quedado en la memoria y hemos asistido año tras año a nuevas manifestaciones en los distintos días de la semana de pasión: la procesión del Domingo de Ramos, la del Nazareno; la del Santo Entierro, y la recuperada procesión del Domingo de Resurrección.

Desde mi juventud formo parte de esta Cofradía y como tal me “vestía de penitente o capuchón” como se solía decir, y durante algunos años junto a mi amigo, ya desaparecido, Molina, íbamos de jefes de fila, una tarea más de correr y tirar de la cuerda que de desfile procesional y penitencial. Todo nuestro empeño, supongo que porque así nos lo indicaban, era que al llegar a la “Carrera” la cuerda fuese tensa, y los penitentes encendiesen las velas para que la procesión luciese mejor.

En una de estas procesiones, la del Viernes Santo que discurre por el barrio, tuve un incidente con una persona, que se salió a beber agua, y que no sé por qué le lié una gran trifulca sin motivo aparente, se trataba de la que hoy es mi mujer, Ana, que junto con algunos de sus primos Bogas, iba en la procesión.

Más tarde con la finalización de los estudios, el comienzo del trabajo, me casé y con la llegada de mis hijos, la participación en la Semana Santa, como manifestación religiosa en la calle, ha sido de espectador y de instructor de quienes con la inocencia de la infancia todo lo preguntan y cuestionan, tarea nada fácil.

La Semana Santa o Semana de Pasión, es un tiempo en el que el sentimiento cristiano se hace presente a través de la muerte y resurrección de Jesucristo; y es este sentimiento cristiano, que se traduce en solidaridad, en tolerancia y en resumidas cuentas en un amor pleno hacía los demás, el que debe permanecer en nosotros, dirigiendo nuestros actos, en tanto la “Pasión” sigue presente en el mundo actual, en aquellos países que están en guerra, en los lugares que se pasa hambre o donde se dan una serie de desigualdades sociales, culturales, religiosas o de cualquier otra índole por nosotros difícilmente entendibles.

Para despedir estas palabras que habéis querido escuchar y compartir con mis familiares, amigos todos, no podemos dejar de pensar en el sentido que la Semana de Pasión tiene para todo cristiano, es una época para reconocer el misterio de nuestra fé, para que ésta se afiance y para que consigamos entre todos, que las palabras anunciadas por Jesús “quien cree en mí, vivirá para siempre”, presida nuestra actitud de vida hacia los demás; Él, Jesús, lo dio todo por nosotros, y ese es un acto de generosidad tan inmenso, que a la sociedad actual en la que vivimos nos cuesta entender; a Jesús, su muerte le proporciona la oportunidad de realizar el acto de fé definitivo, y con su muerte se nos abren de par en par las puertas de la hace presente y para ello necesitamos la fé, indispensable y de la que no podemos prescindir en nuestro paso por la vida.

Os invito a vivir la Semana Santa con total entrega a su significado, a su esplendor y belleza; procurando aunque solo sea por este tiempo que dejemos atrás resentimientos y egoísmos y demos paso a la tolerancia, la paz y el perdón.

Que de la contemplación de lo visible, El Señor nos lleve al amor de lo invisible.

MUCHAS GRACIAS

Juan M. Espinosa Sierra

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