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Cristo de La Expiración

CRISTO DE LA EXPIRACIÓN

Datado en el año 1623, Madera policromada. 1,55 m., Iglesia parroquial de La Inmaculada Concepción. Adra.

UNA OBRA DE ALONSO DE MENA Y ESCALANTE.

El CRISTO DE LA EXPIRACIÓN DE ADRA

Javier Sánchez Real

Licenciado en Historia del Arte

Hace algo más de una década que demostramos que el autor del Cristo de la Expiración de Adra fue Alonso de Mena y Escalante. Sin embargo, algunos autores han seguido manteniendo la tradición local que considera que esta imagen salió de la gubia de su hijo Pedro de Mena y Medrano (Granada, 1628-Málaga, 1688), mientras que otros, simplemente, la atribuyen al iniciador de la saga artística de los Mena, como recoge el panel de información turística de la iglesia parroquial.

Carece de interés comentar la trasnochada polémica sobre la naturaleza abderitana o granadina de Pedro de Mena que, incomprensiblemente, algunos se empeñan en mantener viva. No obstante, la vinculación familiar de los Mena con Adra, que comenzó con el matrimonio de Alonso de Mena y nuestra paisana Juana de Medrano y Cabrera, celebrado en 1619, fue más amplia de lo que la historiografía nos ha transmitido. Su hijo mayor, el también escultor Alonso de Mena y Medrano (Granada, 1621-Berja, ?), se casó en 1648 con la abderitana Beatriz Calizano y Suárez. Los contrayentes eran parientes en segundo con tercero grado de consanguinidad, ya que la abuela paterna de Beatriz era Ana de Medrano y Cabrera, tía del contrayente. La pareja estableció su residencia en Berja, donde, en 1654, recibió la visita de Pedro de Mena y Medrano, que vino desde Granada con objeto de cobrar a los herederos del licenciado Juan Ginés de Espinosa quinientos ducados que éste quedó a deber a su padre.

La realización de este crucificado es fruto del mecenazgo de un eclesiástico y, al igual que el sagrario que diseñó Ambrosio de Vico y sufragó el genovés Rolando Levanto, se inscribe dentro del programa de reconstrucción de la iglesia parroquial, saqueada durante el asalto turco-berberisco que sufrió nuestra villa el 14 de octubre de 1620. Así, a finales de 1622, Juan Ginés de Espinosa concertó con Alonso de Mena la hechura de un Cristo y otra de San Sebastián con sus andas, que debía entregar en agosto de 1623 y por las que cobraría setenta ducados. Probablemente, la policromía corrió a cargo de Pedro de Raxis (Alcalá la Real, 1555-Granada, 1626), llamado “el padre de la estofa”, que colaboró estrechamente con Mena hasta su muerte.

La talla del Cristo pasó a presidir la capilla particular del licenciado Espinosa, destinada a servir de lugar de enterramiento de su familia, tal y como refleja la partida de defunción de Catalina de Espinosa, que fue sepultada en 1630 “en la capilla del Cristo del bicario, mi ermano”. Para mantener el culto en su altar, fundó en 1640 una capellanía con cargo de una “misa cantada a la Asunçión de mi señor Cristo”. El resto de los censos estaban destinados al sustento del capellán, siempre que antes de cumplir veinte años iniciara los estudios de sacerdote. La capilla fue comprada por el vicario poco antes de concertar la hechura de la imagen titular y hasta entonces había sido el lugar de enterramiento de los capitanes de villa. En este espacio privilegiado fue sepultado el capitán Luis de Tovar, que murió defendiendo las murallas de los asaltantes turcos.

A lo largo del siglo XVII y buena parte del XVIII este crucificado recibió culto bajo la advocación de Santo Cristo de las Penas. Sin embargo, en 1825 ya se cita como “Señor de la Expiración”. Su capilla fue adornada en el siglo XVIII con un retablo de madera con dosel, que se alzaba hasta la cornisa y sería financiado con las limosnas de los herederos y fieles.

Por su parte, la capilla de San Sebastián, situada donde hoy se encuentra el Sagrario, era propiedad de la Iglesia y en ella fue enterrada, en 1637, Ana de Medrano, cuñada de Alonso de Mena. En este lugar permaneció la imagen del titular hasta que fue trasladada a la ermita, donde fue destruida durante los tristes acontecimientos que precedieron a la guerra civil.

La imagen representa un Cristo muerto sostenido por tres clavos y tallado en madera de pino. Su autor supo interpretar acertadamente las prescripciones del Concilio de Trento en torno a las imágenes sagradas, que vio en éstas un medio para persuadir y conmover al creyente. Desgraciadamente, hoy no podemos contemplarlo con su “acavado de buen color”, como estipulaba el contrato, ya que ha sufrido, al menos, dos intervenciones. La perdida de la policromía original resulta más lamentable en el caso del paño de pureza, que estaba estofado. El hallazgo de restos de pan de oro bajo los diferentes repintes nos permite albergar esperanzas de que una correcta restauración en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico pueda devolvernos su belleza pretérita.

Titular de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores desde su fundación en 1959, sigue cumpliendo la función cultual para la que fue destinado y, además, es una muestra excepcional de nuestro patrimonio histórico-artístico.

Contrato con Alonso de Mena y Escalante para hacer un crucificado y un San Sebastián con sus andas para la iglesia de Adra.

1622, diciembre, 30, Adra.

Archivo Histórico Provincial de Almería, P. 801, escribanía de Juan de Monsalve, ff. 124v-125v.

“En la villa de Adra, a treinta días del mes de diçiembre de mill i seisçientos i veinte i dos años. Pareçió Alonso de Mena, escultor, vecino de la çiudad de Granada, a quien doi fe que conozco, i otorgó y dixo que está conbenido i concertado con el licenciado Juan Xinés Despinosa, cura i benefiçiado i vicario de esta villa i su partido i vecino de ella, de haçer una hechura de un cristo de altura de siete quartas con su cruz i una hechura del señor San Sebastián de altura de çinco quartas, con sus andas con remates a la redonda i sus cuatro pedrestales a las esquinas dorados, i todas metidas de un xaspe berde; el cristo enclinado i estofado el paño, todo bien acavado de buen color. Por lo que se le a de dar i pagar setenta ducados por las dichas dos hechuras i a quenta de lo cual tiene recividos ochenta reales, de que se da por entregado de ellos, i el pintor que lo a de pintar tiene reçividos çiento i veinte reales, i es declaraçión que si el pintor hiçiere buenos los çiento i veinte reales los pasará en quenta i reçivira a cuenta de los dichos setenta ducados, i si no los hiçiere buenos se los a de dar i pagar el dicho bicario; i de esta manera, confesando corelaçión de esta escritura ser çierta i verdadera i en aquella cual forma que está mexor e de derecho, se obligó de dar acavada las dichas dos hechuras en toda perfeçión en todo el mes de agosto que berna de el año benidero de mill i seiçientos i veinte i tres años para que se traigan a esta dicha villa, i si ansí no la cunpliere i hiçiere el dicho bicario o quien por él fuere parte que le pueda apremiar allí; i estando presente el dicho licenciado Juan Xinés Despinosa aceptó esta escritura en su favor i se obligó de le dar i pagar a el dicho Alonso de Mena o a quien por él fuere parte que faltare de los dichos setenta ducados baxados los dichos ochenta reales i si el dicho pintor diere los çiento i veinte reales que confiesa tiene en su poder, los cuales se obliga de se los hacer buenos a el dicho Alonso de Mena para ese día i quando le de hechas i acabadas las dos hechuras en toda perfeçión como está declarado en todo el mes de agosto como está dicho, puestos i pagados en la ciudad de Granada… i ansí lo otorgaron i firmaron, siendo testigos Alonso de Raia i Andrés Muñoz i Francisco de Cuesta, vecinos de esta villa.

El benefiçiado Juan Xinés Despinosa

Alonso de Mena

Ante mi, Juan de Monsalve, escrivano publico”

BIBLIOGRAFÍA

GALLEGO BURÍN, Antonio. Un contemporáneo de Montañés. El escultor Alonso de Mena y Escalante, Sevilla, 1952.

SÁNCHEZ RAMOS, Valeriano. “La defensa de la costa de Adra (1490-1600) y el asalto turco de 1620”, Farua (2005), monográfico dedicado a la historia de Adra (en prensa).

SÁNCHEZ REAL, Javier. “Una obra de Alonso de Mena y Escalante. El Cristo de la Expiración de Adra (Almería)”, Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, XXIV (1993), pp. 103-110.

Alonso de Mena y Escalante

Granada, 1587-1646.

Nacido en el seno de una familia de impresores, su formación artística debió desarrollarse en el círculo de Pablo de Rojas y sus discípulos, aunque una carta de aprendizaje lo vincula con el sevillano Andrés de Ocampo.

Considerado un escultor de transición entre el manierismo y el naturalismo barroco, su taller monopolizó la actividad estatuaria en la Granada del segundo cuarto del siglo XVII y en el se formaron Pedro Roldán, Bernardo de Mora y sus hijos Alonso y Pedro de Mena y Medrano. Éste último continuó la actividad del taller después de su muerte, hasta que, en 1652, entra bajo la influencia de Alonso Cano.

Entre sus obras conservadas en Granada destacan la Virgen de Belén de la iglesia de San Cecilio (1615), el Triunfo de la Inmaculada (1621), la Inmaculada de San Matías (c. 1630), los retablos relicarios de la Capilla Real (1630-32), la portada del Hospital Real (1637) y el Santiago Matamoros de la Catedral (c. 1640). Parte de su producción se localiza en las provincias de Almería, Córdoba, Málaga y Sevilla, aunque una de sus mejores obras, el Cristo del Desamparo (1635), se conserva en Madrid.

En su larga serie de Crucificados, el abderitano merece un lugar destacado por ser, hasta la fecha, el primero que realizó.

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